Mi primer contacto con el mundo de la pintura vino de la mano de mi madre, gran aficionada. Fue ella quien me introdujo ya de niño en diversas clases de artes plásticas. Estas sesiones iban enfocadas a la reconstrucción exacta de una realidad, un estilo que nunca casó con mi perspectiva de la realidad. Desde esas primeras clases, destacaba por una pintura rápida e impaciente, dejando de lado la realidad de lo que debía pintar y llevándola a mi visión de lo que quería interpretar.

Mi futuro iba encaminado a estudiar Bellas Artes, pero la vida me llevó por el camino de las letras, y tras estudiar derecho, mi trayectoria profesional ha transcurrido hasta hace pocos años, por proyectos ejecutivos para diversas multinacionales.

No es hasta 2011 cuando decido volver a retomar el contacto perdido con los pinceles.

Mi pintura, en un principio, llamativa y muy colorista, se ha inspirado por la utilización del color de algunos pintores como Matisse, Picasso y sobre todo Kandinsky. Y así, ha ido evolucionando y creciendo hasta llegar al retrato figurativo, estilo en el que hoy me encuentro más cómodo. 
 Mis cuadros no tratan de reconstruir la realidad, ni hacer comentarios al respecto. Me encanta el color, el contraste, la textura y la forma. De los rostros procuro captar las expresiones y gestos, poniendo especial énfasis en las miradas, aspirando transmitir sensualidad, pasión y estado de ánimo.

Si,
 sin duda, soy un pintor tardío, aunque también soy de los que piensa que nunca es tarde para dedicarte a lo que quieres y de alcanzar una libertad, que solo se logra cuando consigues el sueño de consagrarte a lo que realmente te gusta; en mi caso, la pintura.